
Nuestra historia más auténtica
La verdadera historia de un pueblo está escrita por sus propios vecinos, por aquellas personas que no aparecerán nunca en los libros, pero que con tesón y esfuerzo se han forjado una identidad y cultura propias que los ha diferenciado del resto de los mortales.
En Guadalcacín fueron aquellos primeros colonos los que un día comenzaron a rellenar las páginas de este cuento, que hoy están continuando los guadalcacileños y guadalcacileñas con los sencillos detalles de la vida cotidiana.
Tradición y modernidad se dan la mano en este pueblo de colonos que nació allá por los años 50 fruto de las políticas de expansión y puesta en regadío de nuevas tierras llevadas a cabo por el Instituto Nacional de Colonización, donde se asentó un inquieto y numeroso campesinado de la provincia. Pero también un pueblo que, gracias al enorme esfuerzo llevado a cabo por sus vecinos y vecinas ha conseguido erigirse como el núcleo rural más importante de Jerez, en cuanto a servicios y comunicaciones.
Guadalcacín es una localidad relativamente joven y con un futuro prometedor. Y si hay algo que la define realmente son la gracia, la generosidad, la simpatía de sus gentes, y un estilo de vida sin estrés y con un ritmo pausado, propio de las zonas rurales. Una mezcla que hace entrañable su visita y que hace a sus vecinos sentirse orgullosos de vivir donde viven.
Por eso, porque en él convergen la tranquila vida del pueblo y la posibilidad de disfrutar de todas las comodidades y servicios de estos tiempos dada su cercanía a Jerez, se convierte en un imán para aquellos que buscan una mayor calidad de vida.
Inevitablemente cualquier persona que se acerque a Guadalcacín quedará impresionado por su sencillez, por la calidez de su arquitectura (esas blancas casas de colonos abiertas de par en par a todo el mundo), por el calor de su gente, por esos naranjos y limoneros que llenan las calles del rico perfume de la flor abierta.
Guadalcacín tiene una cultura, una forma de vivir y una identidad que lo distingue del resto de núcleos rurales y de la ciudad. Es ese carácter a la vez antiguo y moderno lo que consigue atrapar y reunir a gente de todos los gustos y colores.
Cada vez son más los que desean huir del estrés de la gran ciudad y acudir al encuentro con la naturaleza, la vida rural, los pequeños pueblos, las viejas costumbres, las tradiciones… por eso cada vez somos más los que nos sentimos orgullosos de pertenecer a Guadalcacín, los que queremos escribir nuestra propia historia, la historia del día a día, la historia auténtica. Empezamos siendo 20 habitantes. Ahora somos seis mil. Mañana quién sabe…
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